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DIRECCIÓN: José Santos Ossa 1971, segundo piso. TELEFONOS(56)(55): 389027. Directora Ejecutiva: Cristina Yévenes |
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FLOREAL RECABARREN ROJAS
Lo hemos hecho en el entendimiento de que sólo aportamos una gota de agua en el inmenso océano del saber. Sócrates explicaba: "los campos y losárboles nada me enseñan, pero los hombres de la ciudad sí". Es la intención que nos ha guiado, porque entendemos la comunidad ciudadana como una familia, o la familia grande; cuya cohesión es más fuerte en la medida en que conocemos y sentimos admiración por quienes nos precedieron y por las circunstancias que tuvieron que vivir. En estas páginas intentamos relatar parte de la historia de la familia ciudadana; es una invitación a tomar conciencia que la vida de la comunidad existe en el momento en que nos integramos a ella y solidarizamos con su pasado. Sin embargo, para que el sentido de identidad se haga presente existe la necesidad de conocer las circunstancias de ese pasado: los momentos de alegría y de aflicción, los éxitos y los fracassos, las virtudes y los vicios, las ilusiones y los desengaños. Conocerlo invita a rendirle el tributo que se merece. Pericles, el gran estratega y estadista atenienese, en el clásico discurso pronunciado en homenaje a los muertos en la guerrra, sostenía que era "justo y equitativo rendirle homenaje al recuerdo". La frase de Pericles define el objetivo de estos Episodios de la vida regional. Antofagasta y con esto también me refiero a la región, está conformada por asentamientos humanos relativamente jóvenes que surgieron a la vida en respuesta a sus valiosas riquezas mineras. Ninguna de nuestras ciudades fue fundada con solemnidad y gestos simbólicos. Ningún monarca firmó la fe de bautismo. Aquí no tuvo eco el nombre de ningún rey. Los soberanos fueron hombres humildes, a veces chilenos y otras extranjeros. Fundaron los pueblos en nombre de su majestad el guano, el cobre, la plata y el salitre. Fueron el producto de una gesta heroica con dimensiones que aún nadie ha podido describir con palabras. Hombres que se instalaron en un lugar geográfico cercados por la inmensidad del mar y la vastedad del desierto. Nuestra región es producto de un gran desafío: sin agua, sin alimentos y sin huellas, sólo el cielo y la tierra y en esas circunstancias descubrieron El Dorado que los capitanes de las huestes españolas buscaron con tanta ilusión y ahínco. Sin tener nada nuestros antepasados hicieron todo: trazaron planos, construyeron huellas, condensaron el agua del mar, levantaron sus viviendas, formaron las aldeas, las caletas,y los cientos de faenas salitreras que llenaron el desierto con voces humanas. Nuevamente recurriendo a Pericles decimos que "en las actuales circunstancias es legítimo traer a la memoria estas cosas y que será provechoso que la oigan los ciudadanos como todos los forasteros que se han reunido aquí". Nuestros antepasados fueron urdiendo una historia de grandes proyecciones que es fundamental conocer y valorar y que traza nuestro caminar; una historia que debe conquistarnos en cuerpo y alma y amarrarnos a este suelo y que pueda transformarse en un faro que señale nuestro destino. Nuestra historia es digna de trasmitirse a las generaciones jóvenes. Empaparlas con ella es crear ese sentido de identidad que tanto se reclama. Quien ama y se enorgullece de ese pasado, ama también el presente y trata de imitar el esfuerzo y las virtudes de los que le precedieron. Entendemos la historia en esa dimensión, como el eslabón que ata nuestra existencia individual y colectiva, con la geografía y el paisaje donde se dieron esos procesos históricos, uniéndolos indisolublemente. La entendemos como un medio vinculante, como factor que identifica, por eso hemos afirmado que nos consideramo más pedagoggo que historiador, porque entendemos el conocimiento de los hechos pretéritos como un medio más que como un fin. Así están concebidos estos episodios y así esperamos que se entiendan. En este esquema permítaseme decir que valoramos la decisión de la Universidad José Santos Ossa de crear la Pedagogía en Historia que se transformará en un semillero de nuevos investigadores. En este mismo aspecto rendimos un homenaje a Adolfo Contador Varas y Juan Panadés Vargas, que hurgaron en el pasado más inspirados en vocación de pedagogos que historiadores, tal como lo hacía la educación en Atenas que formaba hombres, "que estaban dispuestos a vivir y morir por su ciudad". En este mismo sentido permítaseme también recordar a tres historiadores regionales: Isaac Arce Ramírez, que abrió el surco y sembró la semilla. Su libro Narraciones Históricas de Antofagasta, nos permite descubrir y conocer fundamentalemente el siglo XIX. Allegó tantas referencias históricas e iconográficas que los que le sucedieron y los que le sucederán no podrán prescindir de esos antecedentes. Este autodidacta ha dejado un desafío difícil de responder. Guardando las distancias y sólo con el ánimo de valorar su trabajo, podemos decir que si Grecia tuvo a Heródoto, Antofagasdta tuvo a Isaac Arce. El que amó la historia tanto como su vida fue Enrique Agullo Bastías, autodidacta como Arce. Un apasionado en acumular documentos, gran parte de los cuales divulgó en "Antofagasta una ciudad heroica". En una dimensión diferente se destaca Oscar Bermúdez Miral, con su monumental obra en dos tomos "Historia del Salitre", lo más completo que se ha escrito hasta ahora e indispensable para los que intenten incursionar en la historia de la explotación del salitre en Tarapacá y Antofagasta. En estos tres historiadores queremos también representar nuestra admiración por los trabajos de Monseñor Luis Silva Lezaeta, José María Casassas Cantó y Monseñor Carlos Oviedo Cavada. El estudio que hoy entregamos a vuestra consideración , fueron crónicas que años atrás escribimos para colaborar con el diario La Estrella del Norte. No está todo lo que hicimos, ni todo lo que podemos hacer. Significó también muchos años de paciente investigación en diversas fuentes documentales. Dos de ellas afortunadamente, ubicadas en archivos locales: las Actas de sesiones de la Municipalidad de Antofagasta, que guardan y conservan 130 años de nuestro devenir histórico, archivo al cual hemos tenido acceso gracias a la comprensión de diversas autoridades edilicias. La otra corresponde a la colección de diarios de El Mercurio de Antofagasta, donde cada ejemplar, de su ya casi centenaria vida, eternizan la vida del ciudadano común y de los grandes acontecimientos locales, la que hemos tenido a nuestro alcance en atención a la excelente disposición de su Director don Arturo Román Herera y del Gerente General de la empresa don Jorge Leiva Concha y otros que en el tiempo los han precedidos. En ambos testimonios documentales, está la historia de la ciudad y gran parte de la región. Quiero atambién agradecer a quienes hicieron posible esta publicación: A Carlos Tarragó que puso pasión y energía y nos cubrió con el siempre creador manto de PROA. A Osvaldo Maya que nos guío con su saber intelectual y cultural. A Ottorino Ovalle que nos asesoró en la iconografía y que tuvo paciencia para escucharnos. A Guillermo Coloma, que puso a nuestra disposició su gran capacidad logística. A Sergio Gaytán que nos alentó en esta ventura. A la Universidad del Norte y a su Rector que nos dio el respaldo académico. A Magaly Raby mi esposa que además de soportarme por 40 años, tuvo el gesto cariñoso de transformarse en mi secretaria. He querido dejar para el final mi reconocimiento agradecido a Compañía Minera Zaldivar que hizo posible esta publicación. Decía Andrés Sabella que muchos de los que se instalan en estas tierras, terminan empampados, fenómeno que también es válido para las empresas que asientan sus faenas en este territorio. Siento que Minera Zaldivar y sus ejecutivos están ya empampados, lo que les ha permitido ser capaces de ver más allá de la explotación de un yacimiento minero y se han involucrado generosamente en las múltiples aspiraciones de nuestra comunidad especialmente en el quehacer cultural. Agradezco además a todos ustedes vuestra estimulante presencia. |
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